Negro & Metal & Roma
Negro
Amo el negro.
No como un color.
Como una postura.
Me visto de negro porque soy heavy metal.
Porque de chico me decían “hola, negro”.
Porque mi pelo es negro
y porque no hay armadura más honesta
que una campera negra con tachas
brillando al sol,
metálica, hermética,
como un riff de Black Sabbath
que no explica nada
y lo dice todo.
Botas negras.
Paso firme.
Alma fuerte.
El negro no es ausencia.
El negro es peso.
Es raíz.
Es verdad sin maquillaje.
Y después está ella.
Roma.
Galga.
Negra.
Negra como la noche espesa,
esa que no pide permiso para existir.
Negra como el silencio antes del golpe.
Como el fondo donde vibra lo real.
A veces pienso que por eso estoy enamorado de ella.
Porque nos reconocemos en lo oscuro.
Porque caminamos juntos
fundidos en un mismo pulso,
como decía Iorio:
fundido con vos estoy.
No hablamos.
No hace falta.
Ella a mi lado.
Yo con mi sombra.
Dos cuerpos negros avanzando
sobre el asfalto
como si el mundo fuera un escenario
y el resto solo ruido.
Hay vínculos que no son suaves.
Son leales.
Son pesados.
Son eternos.
Y cuando Roma camina a mi lado,
negra, firme, silenciosa,
sé que no es casualidad.
Hay amores
que no se dicen.
Se sienten en el pecho
como un riff grave
que no se apaga nunca.
🖤🐾
Marcelo Gnisci, Enero 2026.